Así es. Todo, especialmente en esto de la música, se inventó muchísimo antes de lo que parece. Y a menudo no se le reconoce a quién lo hizo. En el caso del heavy fue él, Bo Diddley, especie de señor Barragán negro, siempre con su insólita guitarra cuadrada y que, a pesar de sus kilos, se movía como una bailarina poseída en el escenario. Riffs de guitarra interminables y catárticos, gritos coreados por un público a su merced desde que pisaba el escenario, sus conciertos debían ser una brutal descarga de adrenalina colectiva. ¡Y ya era así en los años 50!





